A mulher (A vida se esvai, companheira)


Volto de um estudo de 3 dias em são paulo sobre as questões de gênero, sobre a luta das mulheres por afirmarem sua humanidade.. volto pensando em todas as mulheres de minha vida e na alegria de poder chamá-las de companheiras… para elas dedico uma das músicas mais fortes que já ouvi sobre sua condição: “La Mujer (se va la vida, compañera)”, na voz de Amparo Uchôa, fantástica cantora mexicana! A letra segue abaixo numa tra(b)dução livre que fiz.

A MULHER

León Chávez Teixeiro

Abriu os olhos,
pôs um vestido,
e foi devagar pra cozinha.
Estava escuro e sem fazer ruído,
acendeu a estufa e a rotina.
Sentiu o silêncio como um aperto,
tudo começava no café da manhã.

Dobrou a coluna,
soltou um suspiro,
sentiu ridícula a esperança;
ao mais pequeno se lhe ardeu a pança,
rompeu o silêncio,
soltou um choro.
Serviu o esposo,
vestiu os meninos,
trocou as fraldas,
serviu os pães.

Levou seus filhos pra escola;
pensou no cardápio do dia.
Mediu o dinheiro,
comprou verduras.
Contou as cinzas de sua economia.
Esperou na fila por suas tortillas,
carregou Francisco,
olhou a rua.
Por toda parte havia mulheres,
todas compravam e se moviam;
seguiam ilhadas com seus deveres,
lhe recordavam todas à formigas.
Sentiu de repente que eram amigas,
sentiu que todas eram amigas.

Voltou a sua casa, casa alugada,
viu mais amigas desde a entrada.
Deu a Francisco o que brincar,
varreu o chão,
arrumou as camas.
Se viu no espelho,
olhando o branco dos cabelos,
juntou as coisas
pra cozinhar;
cortou as batatas,
as pôs no fogo
e na manteiga as fez chiar.
Agora o cru se transformava,
estava pronto para se almoçar.
A casa inteira com outro aspecto,
de novo ajeitada pra se usar.

Pôs a mesa,
serviu as crianças,
trocous as fraldas,
cortou os pães,
limpou de novo mesa e cozinha,
deu a Mercedes o remédio;
pediu seu turno nos tanques da lavanderia:
bateu vestidos e calças,
olhou ao sol a roupa estendida,
como se ontem já não o fizera.
A mesma esfregação todos os dias,
caminhando de novo o mesmo trecho,
sentiu a vida como prisão,
lhe escapava tudo que havia feito.
Se ia a vida, se ia pelo buraco
como o sebo, no tanque, pelo ralo.

Trocou palavras com suas vizinhas;
houve sorrisos em formação.
Toda a raça em seu beco,
se arrumando enquanto andavam.
Sempre mulheres, cumprindo oficios
que se entretecem sem ter fim.
Serem costureiras, serem cozinheiras,
camareiras e passadeiras;
serem enfermeiras e lavadeiras,
também garçonetes e educadoras.
Muito diligentes faxineiras,
às famílias deixam prontas,
rumo à escola ou para o trabalho
para que possam checar as listas.

Se dava conta de suas vontades
e do cinema sabia nada.
Para eles a vida sempre séria
se afogando na miséria.
Se vai a vida, se esvai pelo buraco
como o sebo, no tanque, pelo ralo.
Foi direto para seu ninho,
sempre pensando passou a roupa.
O que era rasgado deixou cerzido,
tinha um momento para descansar.
Abriu a porta e entrou o marido
também moído de trabalhar.
Pôs a mesa,
serviu a sopa,
para queixar-se não abriu a boca.
Riram juntos e papearam.
Falaram dos filhos e de dinheiro,
das vizinhas, de alguma dor,
dos caminhões e do patrão.
Lavou a louça,
tirou o lixo,
dormiu os meninos,
trocou as fraldas.
Como ar que entra pela fresta,
os dois brincaram com sua ternura.
E então deu a volta na fechadura;
dormiram cedo todos seus males.
Se vai a vida, se esvai pelo buraco
como o sebo, no tanque, pelo ralo.
Se vai, se esvai, companheira,
como o sebo, no tanque, pelo ralo.

La mujer

Abrió los ojos. Se echó un vestido.
Se fue despacio pa’ la cocina.
Estaba oscuro. Sin hacer ruido,
prendió la estufa, y a la rutina.
Sintió el silencio como un apuro.
Todo empezaba en el desayuno.

Dobló su espalda, gozó un suspiro,
sintió ridícula la esperanza;
al más pequeño le ardió la panza,
rompió el silencio, soltó un llorido.

Sirvió a su esposo, vistió a los niños,
cambió pañales, sirvió los panes.
Llevó a sus hijos para la escuela;
pensó en la dieta que se comían.
Midió el dinero, compró verduras,
palpó lo gris de su economía.
Formó en la cola de las tortillas,
cargó a Francisco, miró la calle.
Por todas partes había mujeres,
todas compraban y se movían;
cumplían aisladas con sus deberes,
que recordaban a las hormigas.
Sintió de pronto que eran amigas,
sintió que todas eran amigas.

Volvió a su casa, casa rentada,
vio más amigas desde la entrada.
Le dio a Francisco con qué jugar,
barrió los pisos, tendió las camas.
Se vio al espejo, miró las canas,
juntó las cosas de cocinar;
cortó las papas, las puso al fuego
y a la manteca la hizo chillar.
Ahora lo crudo se ha transformado,
estaba listo para comer.
La casa entera tiene otro ver,
de nuevo listo pa’ ser usado.

Puso la mesa, sirvió a los niños,
cambió pañales, cortó los panes,
limpió de nuevo mesa y cocina,
le dio a Mercedes la medicina.
Pidió su turno en los lavaderos:
talló vestidos y pantalones.
Miró la ropa tendida al sol,
como si ayer no se hubiera hecho.
La misma friega todos los días,
se caminaba de nuevo el trecho.
Sintió la vida como prisión,
se le escapaba todo lo hecho.

Se va la vida, se va al agujero
como la mugre en el lavadero.
Se va la vida, se va al agujero
como la mugre en el lavadero.
Se va la vida, se va al agujero
como la mugre en el lavadero.

Cruzó palabras con sus vecinas;
hubo sonrisas en formación.
Toda la raza en su cantón,
se las arregla con el trajín.
Siempre mujeres, cumpliendo oficios
que se entretejen sin tener fin.
Ser costureras, ser cocineras,
recamareras y planchadoras;
ser enfermeras y lavanderas,
también meseras y educadoras.
Muy diligentes afanadoras,
a sus familias las dejan listas,
rumbo a la escuela o hacia el trabajo
para que puedan checar las listas.
Se daba cuenta de sus afanes
y de los fines sabía un carajo.
Para ellos siempre la vida es seria,
pero se ahogaban en la miseria.

Se va la vida, se va al agujero
como la mugre en el lavadero.
Se va la vida, se va al agujero
como la mugre en el lavadero.
Se va la vida, se va al agujero
como la mugre en el lavadero.

Se fue derecho para su nido,
siempre pensando planchó la ropa.
Todo lo roto dejó zurcido:
tenía un momento pa’ descansar.
Se abrió la puerta y entró el marido,
también molido de trabajar.
Puso la mesa, sirvió la sopa,
para quejarse no abrió la boca.
Se rieron juntos y platicaron.
Se habló de niños y de dinero,
de la vecinas, de algún dolor,
de los camiones y del patrón.
Lavó los trastos, tiró basura,
durmió a los niños, cambió pañales.
Como aire que entra por la ranura,
los dos jugaron con su ternura.
Le dio la vuelta a la cerradura,
durmió de pronto todos sus males.

Se va la vida, se va al agujero
como la mugre en el lavadero.
Se va la vida, se va al agujero
como la mugre en el lavadero.
Se va la vida, se va al agujero
como la mugre en el lavadero.

Abrió los ojos. Se echó un vestido.
Se fue despacio pa’ la cocina.
Estaba oscuro. Sin hacer ruido,
prendió la estufa, y a la rutina.

Se va la vida, se va al agujero
como la mugre en el lavadero.
Se va la vida, se va al agujero
como la mugre en el lavadero.
Se va la vida, se va al agujero
como la mugre en el lavadero.
Se va la vida, se va al agujero
como la mugre en el lavadero.
Se va la vida, se va al agujero
como la mugre en el lavadero.
Se va la vida, se va al agujero
como la mugre en el lavadero.
Se va la vida, se va al agujero
como la mugre en el lavadero.

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~ por jeffvasques em 07/03/2012.

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